miércoles, agosto 27, 2014

Sudaneses


Lo percibí desde un principio en Wadi Halfa, al caminar por sus calles de arena en aquella calurosa noche sahariana. Miraba a mi alrededor a las centenas de mercaderes que llenaban de vida el lugar, yendo y viniendo en sus impecables gallabiyas, y parecía como si todos fueran hermanos o al menos conocidos. Una atmósfera tan amena, tan familiar si se quiere, me era difícil de creer para un pueblo fronterizo. Era tan sólo el comienzo de dos meses de convivencia con la que probablemente es, (junto con los tibetanos claro!) la gente más maravillosa que alguna vez he conocido.



El humilde orgullo de ser buenos

Humildad y orgullo son cualidades que raramente van de la mano. La realidad es que en general, una anula a la otra. Sin embargo, cuando me encontraba solo por un momento cuidando las bicicletas en el muelle de Wadi Halfa, una mujer envuelta en un colorido tob se acercó a hablar conmigo a demostrarme lo contrario. Su vestimenta me permitía verle tan solo los ojos por un lado, y sus manos y pies exquisitamente decorados con henna por el otro, pero el tono de entusiasmo y de dulzura con el que se dirigía hacia mí eran suficientes para revelar el espíritu alegre de su persona. Me preguntó en muy buen inglés con acento árabe:

 - ¿Dónde vas a llevar esas bicicletas?
 - Bueno, no las llevamos, “las pedaleamos” - le sonrío
 - ¿Cómo pedaleando? ¿Aquí en Sudán, hasta Khartoum? - no le veo la boca pero sé que la         tiene abierta de la sorpresa
 - Claro, venimos desde China en bicicleta – sonrío sabiendo que no ha escuchado algo así     antes.
 - ¿Desde China??? ¿en bicicleta??? no, pero eso no es posible!! .. ¿que cómo? ¿que cuándo?....     ¿y Sudán? ¿Por qué han venido a Sudán?
 - Bueno, es que me han dicho ya varias personas que los sudaneses son muy pero muy           buena gente y no me quería perder de conocerlos porque viajo por el mundo en busca de     conocer gente y aprender de ella....

Me mira contenta (se nota hasta detrás de tanto envoltorio) y con gran determinación           declara:

 - Es cierto, los sudaneses somos muy buena gente. Sí sí, muy buena gente en Sudán- repite. - Los van a recibir muy bien aquí. Mira, aquí te anoto mi teléfono y me llamás para cualquier cosa, en cualquier momento y a cualquier hora para lo que necesiten-.

Un comentario así en cualquier otra parte del mundo probablemente resultaría horriblemente pedante y sentaría la base de la principal sospecha de que eso no es verdad. Por otra parte, en los lugares que también se caracterizan por tener muy buena gente, lo más probable es que ningún local se anime siquiera a decirlo abiertamente. Sin embargo, el tono de las palabras con las que esta mujer lo dijo, y el modo, una mezcla de alegría, sinceridad pero sobre todo convicción, me demostraron que efectivamente se puede estar orgulloso de algo tan simple como ser bueno y no sólo no sonar soberbio diciéndolo sino tampoco necesitar callarlo por miedo a dar la imagen incorrecta. En palabras concretas, esta mujer no hizo más que confirmarme de antemano lo que efectivamente probaríamos todos y cada uno de los días que pasaríamos en Sudán con la gente más buena del mundo. Fue la primera vez de muchas otras que le seguirían, en los que la gente reconoce orgullosamente que la bondad desinteresada es una fuerte característica de ellos .

Sentirse una bendición

Ya lo he contado anteriormente, está escrito en el Corán: un invitado es una bendición. En casi todo el mundo, cuando uno es invitado a una casa ajena uno se siente como mínimo bienvenido. En el Islam sudanés, sin embargo, uno no se siente simplemente bienvenido, se siente como lo dice el Corán, una bendición. Son los sudaneses quienes detienen el mundo y te corren una montaña de lugar si es necesario, sólo por agasajarte. Pero no es un agasajo en forma de homenaje o idolatría como ocurre en algunas culturas, todo lo contrario, es el más hermoso de los regalos, los musulmanes te agasajan haciéndote parte de su vida misma, de su propia familia, y por familia entiéndase no sólo los parientes sino todo el entorno inmediato de amigos y vecinos.


Tan sólo al segundo día de salir de Wadi Halfa, nos encontrábamos pedaleando una pista de arena bordeando el Nilo a lo largo de sencillas aldeas nubias de casas de adobe monolíticas sin ventanas. No había más que inhóspito desierto a nuestro alrededor. Eran poco más de las 10 de la mañana y la temperatura ya pisaba los 50 C cuando decidimos buscar refugio bajo unas datileras cerca del río. Allí se acercó Hassan con una sonrisa curiosa a invitarnos a su casa a tomar el té con su familia. El té se extendió al almuerzo, el amuerzo a la merienda, la merienda a la cena y allí terminamos pasando 3 días.


La sombra provee el único espacio donde se puede respirar durante los largos, lentos y abrasantes días en los que el tiempo parece nunca pasar. Los gruesos muros de adobe de las casas permiten mantenerlas relativamente frescas en comparación, pero aún el calor es muy intenso dentro de ellas. Parientes, amigos y vecinos de las pocas casas aledañas van y vienen; las mujeres en sus brillantes tobs multicolores contrastando con los colores opacos de las casas, los hombres en sus gallabiyas y turbantes tan blancos que bajo el sol enceguecen.


El concepto de privacidad como lo conocemos en occidente aquí no existe, todos son una gran familia y las casas están abiertas a todos en todo momento. Las posesiones materiales son mínimas, la austeridad es total pero no es pobreza. Es una vida muy sencilla pero también muy digna. Tienen tan solo las cosas más esenciales para la vida; techo, comida y una fuerte comunidad de parientes, amigos y vecinos que estarán siempre para ayudarse los unos a los otros. Varias generaciones viven en una misma casa. La suegra de Hassan es muda, pero sonríe de felicidad por tenernos de visita. Su sonrisa resalta los surcos que tiene en las mejillas desde los ojos hasta el mentón, típicos de su tribu nubia. Le fueron trazados con un cuchillo a los 5 años de edad, como a todas las niñas con el fin de embellecerlas. Hoy es una práctica que ha casi desaparecido pero todas las mujeres de más de 50 años llevan estas características cicatrices que visualmente son muy impactantes.


Mientras me siento a la sombra en el patio de la casa, experimentando el descenso a los infiernos de las primeras horas de la tarde, miro alucinado a las famosas hormigas saharianas correr como locas del sol a la sombra. Son reales, como las he visto antes en documentales, no me lo podía creer, son unas hormigas tan plateadas y brillantes que me parece ver el reflejo de mi persona en su pequeños cuerpos. Son como diminutas balas de plata moviendose por la arena, es la cobertura reflectiva que desarrollaron para no freírse bajo este sol tirano. Hassan se ríe al verme mirándolas con la curiosidad de un niño.


Aprovecho para preguntarle qué le pasó en el pie, porque renguea y lo tiene hinchado como una pelota envuelto en un pañuelo negro. Me dice que antes de ayer lo picó de vuelta un escorpión cuando se levantó a la noche para ir al baño. Agrega con cara de queja: – estas porquerías están en todas partes, son malditos. Ten cuidado a la noche, nunca duermas en el piso y mira tus sandalias!. Por aquí están acostumbrados, pero Hassan tuvo suerte esta vez, lo pico en la planta del pie, sólo le causa un dolor insoportable y rengueará por una semana o más, pero gracias a la gruesa crosta de la planta de su pie no corre riesgo de muerte. De haber sido picado un poco más arriba, cerca de los vasos sanguíneos, tendría que viajar no menos de dos horas hasta alguna clínica rural a buscar el antídoto. El dolor no le impide seguir con su vida. Cuando la temperatura baja de los 55 C, nos vamos a nadar al Nilo, me asegura que ahora no hay cocodrilos, aunque antes de que me lo diga ya me he tirado al agua. Hacia el final del día cuando el sol criminal comienza su descenso subimos a un médano detrás de su casa a ver la inmensidad del Sahara para recibir la tan esperada noche. A diferencia del Sahara egipcio, los fuertes vientos de aquí llenan el aire de partículas de arena, el sol desaparece mucho antes detrás de un horizonte turbio.


Pasada ya la pesadilla del día, las noches de 40 C se sienten frescas. Con la oscuridad llegan las únicas 4 horas diarias de electricidad. La gente sale finalmente de sus casas, las mujeres preparan el té y luego la comida, mientras los hombres sacan las camas de caño e hilos tensados al patio para socializar. Esta gente sí que entiende de dormir, las camas no tendrán colchón pero se duerme afuera mirando un colchón de millones de estrellas. La tele es un lujo que dura las pocas horas que dura la electricidad, todos se acuestan frente a ella para conectar brevemente con un mundo totalmente lejano para ellos. Yo espero el momento en que se apague para mantenerme felizmente desconectado de aquel mundo al cual no extraño. Prefiero que se enciendan las estrellas en mi tele, que la suave brisa sea la banda de sonido que rompa el silencio sepulcral, y dormirme soñando con que estas magníficas noches saharianas no se acaben.


Por supuesto que tuvimos que hacer un esfuerzo para irnos, porque Hassan , su familia y todos los vecinos nos insistían para que nos quedáramos una semana,  un mes o quizás hasta un año, la cantidad de tiempo es irrelevante. Somos sus invitados, somos su bendición.


Colores de Kerma

 Kerma es un pueblo relativamente grande e igualmente detenido en el tiempo que las aldeas del camino. Como buen pueblo del desierto, sus calles de arena están desiertas durante el día, pero detrás de los coloridos muros de sus casas la vida, aunque a paso lento, transcurre puertas adentro. Amjid, un nubio que habíamos conocido en la casa de Hassan días antes, nos esperaba en Kerma para hacernos parte de la celebración de la boda de su primo. Como dije antes, los sudaneses te hacen parte de su familia e inmediatamente luego de nuestra llegada fuimos recibidos como tales. Familiares, amigos, vecinos que van de casa en casa a socializar pasan a saludarnos. Exclaman con enorme alegría y con una sonrisa brillante extienden la mano: 

-¿Kef? ¿Temam? - Temam!    (¿cómo estás? ¿todo bien?  - todo bien!)
- ¿mia mia? -  mia mia  ( ¿al 100%? - al 100%! ) 
- oh Al-hamdulilah ! ( Oh gracias a Dios! )

Ambas partes lo repiten no menos de tres veces mientras las manos derechas permanecen apretadas y las manos izquierdas se posan afectuosamente sobre el hombro del otro. Se puede ver en cada encuentro de personas, en las calles, las mezquitas, las casas. Las mujeres, por otra parte, se abrazan y se besan cariñsamente repetidas veces. 


El paso lento de estos pueblos saharianos me cautiva. Viniendo de una sociedad que sólo se preocupa por correr y correr y correr hacia quién sabe dónde y persiguiendo quién sabe qué objetivo, estar en estos pueblos de andar lento me recuerda que es mejor detenerse que pasar corriendo, disfrutar de observar bien una cosa en vez de diez a la vez, saborear esa lentitud que nos permite apreciar lo que la prisa nos quita. Sentir la realidad de los encuentros frente a frente en cambio de la ficción social detrás de una pantalla. Vengo de un mundo supuestamente hiper conectado pero con conexiones cada vez más vacías de significado, y mientras camino por estas calles de arena y casas de colores sé que cuando me vaya añoraré esta desconexión con ese mundo del que vengo que quiere tenernos a todos corriendo. 


Los colores de Kerma, no son un mero recubrimiento de las paredes de las casas, también se llevan en los tobs de las nubias, llenan la calle de color cuando una hilera de casas no ha sido aún pintada.


 Están también en esas sonrisas puras y espontáneas que se dibujan en los rostros de los niños que se divierten con cosas tan simples como hacer rodar una cubierta usada evitando que se caiga. 


O trepar los árboles en las puertas de sus casas. 



Como broche de oro, las bodas nubias hacen de una noche un despilfarro de colores, de alegría, de música. Celebraciones como pocas, las bodas duran 2, 3, 4, 5 días en Sudán. Todos los conocidos de los novios y allegados asisten a ella. No corre ni una gota de alcohol en ninguna fiesta y sin embargo el estado de algarabía es total. Hombres y mujeres bailan canciones tradicionales hasta sudar la última gota. Solamente mirar a mi alrededor me llena de energía, de alegría, me invita a participar y a bailar con ellos y absorber sus colores para dejarlos dentro mío. 


Espacios mágicos

Llegamos al mausoleo de Koica en uno de los días más ardientes del Sahara, construido por el Sheikh Idris de Arabia Saudita en 1779, fue aquí en el Sahara sudanés donde eligió venir a morir. El resultado es esta hermosa estructura hecha de barro que se mantiene en pie hasta hoy en día no por haber tenido alguna protección especial sino por haber sido bien construida. Si bien está abierta a eventos islámicos, en la aldea donde se encuentra vive tan solo un hombre junto a su mujer, el señor Abdallah, quien luego de 30 años de vivir en Dubai trabajando de policía, decidió volver aquí a su aldea natal donde ya no vive nadie, y dedicarse a preservar el mausoleo y mostrárselo a las muy escasas visitas. Hasta en los lugares más recónditos hay gente maravillosa en Sudán, Abdallah, un verdadero señor, nos abrió el mausoleo y luego nos invito a pasar el bochornoso día de 57 C en una casona que solía ser un hotel, nos dejó descansar allí y nos sirvió té con galletas en bandeja de plata dos veces durante el día. 



A simple vista, el Sahara y sus aldeas parecen completamente vacíos, pero hasta en los lugares que parecen más desérticos hay gente. Khandaq es uno de esos lugares, alejada varios kilómetros de la ruta a Khartoum, por un camino de arena que parece conducir a nada, esta antigua aldea nubia se encuentra en un privilegiado lugar en las orillas del Nilo. 
Una estación de policía con no más de cuatro oficiales aburridos y unos 100 habitantes esparcidos entre las ruinas habitan lo que queda de esta aldea solitaria, que nos sirve de ventana a la antigüedad.


 Allí fuímos recibidos por Abdullah, un hombre que nos recibió en su casa como invitados de honor. Esta gente del desierto no deja de sorprenderme con su calidez, su sencillez y sobre todo esa suerte de paz y alegría que llevan dentro. Tienen poco y nada de objetos pero a mi parecer lo tienen todo. Se les ve en los ojos que no necesitan más de lo que tienen. Al cenar bajo las estrellas en la casa de Abdullah junto con algunos vecinos disfrutando de sus historias de vida en el Sahara, las noches del desierto siguen siendo uno de mis momentos favoritos, aquellos que hacen que toda la tortura del día haya valido la pena.



 Si bien nos invitaron a quedarnos a dormir en su bellísima casa de barro pintada de blanco, optamos por dormir en las camas de hilos que el jefe de policía dispuso para nosotros justo sobre la orilla del Nilo, bajo un árbol, donde la brisa del río nos mantenía frescos en estas noches calientes. La gran recompensa vino al amanecer cuando al abrir los ojos nos encontramos con un río bañado en color oro, al tiempo que unos locales pasaban lentamente arrojando redes para pescar desde un precario bote de madera. 


Antes de irnos el jefe de la policía nos invitó a quedarnos, él mismo había pescado un enorme pez del Nilo y quería cocinarlo para nosotros. Me llevó hasta la orilla del Nilo para verlo. Los colchones que pusieron sobre nuestras camas estaban infestados de millones de chinches y para cuando me desperté tenía el cuerpo tan brotado de decenas (sino centenas) de ronchas que no podía dejar de rascarme compulsivamente hasta casi hacerme sangrar la piel. Preferimos declinar la oferta y seguir camino antes que dormir una noche más en esos colchones llenos de alimañas. 




La vida estoica de los habitantes del desierto

Una que la carretera a Khartoum se aleja del curso del Nilo, los últimos 300 km se vuelven realmente muy inhóspitos. No hay casi aldeas donde refugiarse, el calor de mayo es tan brutal que es como estar aplastado entre las planchas de una tintorería, y el viento, ese maldito viento que nos hace masticar arena como desgraciados y no nos permite avanza nunca se detiene. Es imposible pensar que alguien puede vivir en estas condiciones, son días en los que estamos sufriendo tanto la aspereza de este desierto que me cuesta pensar que alguien puede vivir en estas tierras. Mis pensamientos iban y venían mientras librábamos batalla al viento cuando veo a un hombre solitario caminando con su camello en este inmenso e inhóspito oceáno de arena. Lo miro avanzar en el medio de la nada y no puedo entenderlo, ¿qué puede hacer una persona aquí? ¿de dónde viene? ¿hacia dónde va?. Se hablan tan sólo dialectos del árabe por aquí y no le pude preguntar nada, pero me quedé pensando en estos hombres, llevando estas vidas en tierras tan ásperas. Efectivamente vive gente aquí, es increíble, pero posible. 


Unos kilómetros más tarde encontré una manada de camellos en la distancia, el calor y el viento eran tan fuertes que me costaba mantener la cámara en la mano, ardía. No parecía haber nadie alrededor hasta que del medio de la nada aparecieron sus dueños, envueltos en sus galabias y turbantes organizando a sus camellos, llevaban su tarea a cabo como cuando yo camino por cualquier ciudad en primavera.  No hablaban ni una palabra de inglés pero me dejaron que los acompañe en su caminata trasladando a algunos camellos. 



Los llevaban por un largo y duro camino a beber a uno de los pozos de donde sacan el agua.



La vida en el desierto más grande del mundo no puede ser simple. A lo largo del camino, una mujer que espera transporte para ella y sus hijos sobre la ruta, me pide un poco de agua para el más pequeño. Caminó con ellos 3 km para llegar a la ruta pasada media mañana cuando la temperatura alcanzaba los 50 C. A pesar de tener yo poca agua para mí, me detuve para darle lo que el niño necesitara. Al fin y al cabo hacía mucho que no me pasaba ningún vehículo y del sólo pensar en ellos esperando al borde del camino bajo este sol asesino sin ninguna protección me retorcía el estómago.


Al atardecer, otro hombre pasa a mi lado en su camello, estábamos cerca de su aldea de casas de barro, me mira en la bicicleta y se detiene, quiere una foto en su camello, suerte para él dar con un fotógrafo en bicicleta. El sol ya bajo bañaba el desierto en color dorado, las sombras de su camello se extendían por varios metros en la arena. Era uno de nuestros últimos días en esta larga travesía a lo largo del Sahara, me llevo imágenes y recuerdos memorables, lo que el sahara sudanés no tiene en paisajes hermosos lo tiene en esta gente tan increíblemente maravillosa que lo habita, es tan buena que parece tan extraplanetaria como el calor que hace acá. Hospitalidad y calidez en su más absoluta expresión.


domingo, julio 20, 2014

Un poco de fama


Hace unos pocos meses me entrevistaron de la revista Outdoor Exploration 户外探险, una de las revistas de aventura más importantes de China. En su última edición ha salido finalmente la entrevista, la cual trata sobre toda la primera etapa asiática de este viaje, unos 10 países y 17.000 km y varias preguntas personales que indagan sobre los motivos que me llevaron a elegir la bicicleta como medio para viajar documentando el mundo. Las fotos son todas mías, pero lo que no imaginaba es que también saldríamos en la tapa y siendo la nota central en torno a la cual gira toda la edición del mes. Una gran sorpresa! Sé que quizás muy pocos de los que visitan este blog hablan chino, pero aquí van las imágenes de cada hoja de la entrevista.  

domingo, junio 15, 2014

Sudando Sudán


Estamos haciendo la cola para comprar el pasaje de barco a Wadi Halfa, hacen 46 C a la sombra. Mientras esperamos, dos simpáticos egipcios agentes de viaje se acercan y exclaman el usual: “Welcome to Alaska”, para entablar conversación con nosotros. Nos preguntan lo habitual del viaje, de la bicicleta, de las distancias y le menciono que el calor fue bastante duro estos últimos días en Egipto. Uno pega una carcajada muy afectuosa y me dice cariñosamente: -“realmente crees que hoy hace calor?......espera a llegar a Sudán, allí hará calor, esto no es nada” - y se pasa un pañuelo para secarse la transpiración de la cara. A mí, se me estruja el estómago.

lunes, mayo 26, 2014

Welcome to Alaska? (Bienvenido a Alaska?)


Cuando uno llega al Nilo luego de pasar semanas en el desierto, recién ahí puede comprender completamente su relevancia histórica y actual. Es fácil de ver que sin él, la civilización egipcia seguramente no hubiera tenido la oportunidad de existir (o al menos no con tal grandeza), ni el Egipto de hoy sería siquiera posible. El Nilo genera una franja de fertilidad en pleno desierto que se extiende por miles de kilómetros y en torno a la cual gira la vida en el país. No es casualdiad entonces que la mayor cantidad de población del país se asiente en mayor o menor proximidad de sus orillas, y allí nos hayamos encontrado una vez más con el tráfico, el ruido pero también con la vida que sólo es posible gracias a él.

sábado, mayo 24, 2014

Sahara.......


Luego de la épica travesía mongola del año pasado, mis recuerdos del magnífico desierto de Gobi estaban aún muy presentes dentro mío. Allí, habíamos pasado días tan duros como inolvidables. Me llevé imágenes, sonidos (o su ausencia total) y sensaciones que quedaron grabados para siempre en mi mente. Momentos sublimes que hacen trascender a la mera experiencia metiéndola dentro del cuerpo, momentos por los que vivo. Es por eso quizás, que durante los días en El Cairo, sentía tanto entusiasmo por salir a cruzar el más famoso de todos los desiertos, el Sahara. Entusiasmo y nerviosismo, no sólo porque la mismísima idea de cruzarlo intimida sino también por ser el camino de inmersión en este nuevo continente, totalmente desconocido para mí. Lejos de asustarme, este es el elixir que alimenta mi espíritu, y quizás de pocas cosas disfruto tanto como de sentir ese escozor dentro de las vísceras que genera la incertidumbre ante lo desconocido.

miércoles, mayo 21, 2014

La puerta de Africa


Entre viajar, trabajar y vivir, he pasado algo más de 8 años de mi vida en Asia. Descubrir aquel continente es lo que había soñado toda mi vida desde que tengo uso de razón. Luego de años de vivir allí y de sentirlo con total naturalidad como mi lugar, hoy me sigue dando curiosidad cómo pude haber nacido en el extremo opuesto del planeta en una cultura tan disímil al mismo tiempo que me siento tan extrañamente conectado a otra. Serán los juegos existenciales del karma supongo. El hecho es que cuando uno se siente como pez en el agua, no es tan simple saltar a un charco diferente, pero mi sed de aventura también me dice que es hora de darle una larga y merecida vuelta a Africa, el único continente en el que no he estado antes. Es por eso que he decidido cortar el cordón umbilical de una vez por todas y dar el gran salto. Por meses he estado evaluando alternativas para llegar al continente pedaleando, pero la situación social en tres países clave, Pakistán, Syria y Yemen se ha deteriorado tanto que hace virtualmente imposible el acceso de esta manera. No nos ha quedado otra que volver a volar y de Delhi hemos dado el salto a El Cairo.

miércoles, mayo 14, 2014

Mi postura sobre el turismo (actualizado)

 Esta es un entrada aparte, no relacionada con el viaje, inspirada por un comentario que me hizo un lector recientemente y que tiene el fin de explicar mi posición sobre el turismo, ya que soy consciente de que muchos de los comentarios que escribo despotricando hacia el mismo pueden ser malentendidos o tomados personalmente. 

domingo, mayo 11, 2014

India en familia


Es momento de visitas una vez más y esta vez hemos recibido a mi mamá. Como he mencionado antes con la visita de mi papá, nuestros padres son en gran medida responsables de quienes somos y mi mamá es igualmente responsable del aventurero que llevo en la sangre y artífice de las alas que me llevan a pensar que no hay límites a la hora de echarse a volar. Es por eso que cuando le dije que viniera a verme a India, no lo dudó ni un segundo. Durante dos semanas hemos dejado las bicis con nuestra familia India, para volver temporalmente a viajar en transporte público y en familia. Para mí, significó una segunda pasada por todos los lugares en los que había estado en 2001, pero ya con otra experiencia y perspectiva, sobre todo como fotógrafo, lo pude disfrutar de otra manera. También significó divertirme acompañando a mi madre a través del shock cultural que implica la primera visita a India y haciéndola viajar con mi bajo presupuesto, enseñándole a comer con las manosestilo indio y sometiéndola a viajar en el famoso 2nd Class Sleeper de los trenes indios. Muchos dirán: "cómo le hacés eso a tu propia madre??" y yo les respondo: mi madre es todo terreno! :)

Esto será más bien un recorrido visual con comentarios actualizados, ya que no hay mucho que no haya contado anteriormente en este blog sobre los siguientes lugares de India.

El viejo lado de Delhi 



 El viejo Delhi es para mí, uno de los lugares más apasionantes del mundo. Podría pasarme días, semanas, meses perdiéndome por sus callejones y nunca cansarme. El abanico de imágenes, olores y texturas es virtualmente infinito. Es un despilfarro sensorial que exalta los sentidos.

viernes, abril 18, 2014

India en familia. Las bodas.


No hay nada más especial que poder experimentar un país desde adentro, conviviendo con su gente, siguiendo sus costumbres, viviendo el día a día, y en esta, mi tercera vez en India, fue cuando más que en cualquiera de las dos veces anteriores pude experimentar la vida india desde un hogar. El destino hizo que tuviéramos la enorme fortuna de conocer a Manish, quién junto a su familia entera y a su gran grupo de amigos nos cuasi adoptarían y harían parte de su propia familia durante el mes que pasamos con ellos. 

viernes, abril 11, 2014

Y va la tercera...


Es la tercera vez en mi vida que llego a India y la segunda que lo hago en bicicleta. Hace 13 años llegaba por primera vez, y con mis 22 años era apenas un niño con una mochila al hombro y sin experiencia en comparación. Ya en aquel entonces supe a los pocos días, luego de atravesar ese gran simbronazo que uno experimenta la primera vez que llega al país, que volvería una y otra vez a lo largo del resto de mi vida. Hoy, 13 años más tarde sigo teniendo esa misma hermosa sensación del primer viaje, la de llevar a India muy dentro mío, y a medida que pasan los años y me voy poniendo viejo, siento que India sigue creciendo dentro mío y junto conmigo con cada viaje. India es un planeta en sí mismo y es bastante cierto el hecho de que se lo ama o se lo odia, porque sea donde sea que uno esté en India, a uno le puede gustar o no, pero lo que sí es seguro es que es imposible que te sea indiferente. Yo ciertamente amo a India con devoción, es como un imán que no me deja separarme. Y ahora, que con esta pasada hemos tenido la enorme fortuna de vivir India desde adentro, en familia, con una familia India que prácticamente nos ha adoptado, y más tarde, con nada más ni nada menos que con la especial visita de mi propia mamá, a quién no hesité en mostrarle el país desde los rincones a donde la mayor parte del turismo no llega, no he hecho más que confirmar una vez más aquel primigenio sentimiento del primer viaje: nunca dejaré de volver a India.

jueves, marzo 20, 2014

Vida rural y trabajo duro


La salida del Himalaya hacia las tierras bajas del Terai marcó el comienzo de la inmersión en la vida rural Nepalesa. Ya lejos de las hordas de turistas que inundan el alto Himalaya, Pokhara, Kathmandu y el Terai oriental, este pequeño país queda prácticamente para uno solo, atravesando aldeas simples de gente amigable, sencilla y no obsesionada con el dinero que supuestamente tienen todos los extranjeros.

miércoles, marzo 19, 2014

Explosión de vida


Aterrizar en Nepal luego de 71 días de esterilidad Japonesa fue como volver a nacer. Se dice que el hombre es un animal de costumbre, y a veces se requiere de un salto abrupto para darse cuenta cómo uno fue acostumbrándose, quizás sin darse cuenta, a una determinada situación de vida. Bajarse del avión en Kathmandu fue como salir de un estado de anestesia general, todos los sentidos volvieron a aflorar rápidamente y se volvieron a sentir con mayor intensidad. Fue una explosión de vida, fue como la alegría que llega con la primavera luego de un largo y oscuro invierno. Es en el contraste tan fuerte donde me di cuenta cómo tanta asepsia japonesa había de alguna manera adormecido mi espíritu, y Nepal, con su descarga de estímulos fue la inyección que haría revivir todas las emociones. 

domingo, febrero 23, 2014

Algunos videos del año

Mientras nos tomamos dos semanas de vacaciones en India con la visita de mi mamá, los invito a ver el siguiente compilado de videos del año que pasó, primer año de este viaje. 

Video compilado de todo el año en 7+ minutos

One year cycling in 7 minutes from Nicolas Marino on Vimeo.

Indonesia, cruzando la jungla. Parte I  (versión re-editada de la versión extendida publicada anteriormente) 

sábado, enero 25, 2014

Chau Japón!


70 días en Japón, 25 pedaleando y 45 trabajando en Tokyo fueron más que suficientes, tal vez demasiados. A diferencia de ese hermoso sentimiento de querer volver una y otra vez que me dejaron países como Mongolia o Indonesia en este año que pasó, a medida que pasaban los días en Japón más aumentaban mis ganas de irme.  Esto no significa haberlo pasado mal sino más bien no haber sentido lograr una fuerte conexión con el país y su cultura. 

lunes, enero 20, 2014

Extravagancia a la japonesa



Durante estos 70 días en el país más tecnológicamente avanzado del planeta, hemos visto muchas cosas apabullantes. En cierto punto, luego de bastante tiempo de estar aquí, uno siente que los japoneses están más allá de todo. La realidad de este país es tan pero tan diferente a la del resto del mundo, especialmente a la del tercer mundo, que en algún punto es como un lugar de ciencia ficción. Las actividades, los problemas y las preocupaciones que ocupan la cabeza de la gente son tan radicalmente diferentes a los que me tocó ver en mi vida que a veces me siento en Disneylandia. Tokyo nunca se detiene y la vida transcurre al galope. El famoso cruce de Shibuya, que en hora pico ve pasar un promedio de 100.000 personas por hora, con su despilfarro lumínico y sus alaridos publicitarios, es el ícono que resume el paso frenético de la vida en Tokyo. En cada una de sus esquinas, cuando el semáforo está en verde para el tráfico, la gente se va acumulando como gotas en un tanque de agua, es tanta en tan poco tiempo que cuando el semáforo les da salida, se produce un estallido de personas cruzando en todas las direcciones cual hormiguero luego de ser pisado. 

jueves, diciembre 26, 2013

Este viaje cumple un año


Autopista al futuro

Al salir de Kyoto, entramos finalmente en la recta final a Tokyo. Fue un camino por el futuro hacia el futuro. 550 km que decidimos hacer por la ruta 1, la ruta que conecta los polos industriales más grandes de Japón. Podríamos haber elegido una ruta interior con un poco más de naturaleza, pero teníamos una fecha de compromiso que cumplir en Tokyo y no nos quedaban tantos días ni tampoco tantas ganas.

Japón es un país de avanzada, está un par de años delante del mundo desarrollado y a años luz del resto del planeta, pero sólo tecnológicamente. Humanamente hablando están años luz detrás de todos los países más pobres de Asia, los cuales se añoran entrañablemente con cada pisada en el pedal en este país. El respeto, la honestidad y la cordialidad son valores que abundan aquí, y es algo muy positivo, pero también abundan la indiferencia y la frialdad. Con excepción de nuestros amigos en Osaka y aquel primer insólito hombre del primer día en Fukuoka, no hemos tenido prácticamente contacto humano de ningún tipo. Somos como dos entes mayormente ignorados andando por carreteras del futuro. Es fascinante y espantoso a la vez. 

domingo, diciembre 22, 2013

Entre la psicodelia urbana del futuro y la historia detrás de una vidriera


Psicodelia urbana

Llegar a Honshu es entrar en el Japón más desarrollado y también el más frío humanamente hablando, es la verdadera puerta de entrada a un par de siglos más adelante, donde todos los días se cuece la tecnología más avanzada y se da rienda suelta a los delirios del consumo más extravagante. Es un contraste fortísimo teniendo en cuenta que tan sólo dos meses atrás nos encontrábamos rodando en un espacio y un tiempo que se sentían bellamente prehistóricos y ahora en uno tan futurista que creo dejaría sin palabras al mismísimo Filippo Marinetti, o bien quizás representa de manera fidedigna su visión de la ruptura con el pasado y me atrevería a decir con el presente.

viernes, diciembre 20, 2013

Un poco de naturaleza


A pesar del virtualmente infinito continuo urbano que se experimenta a lo largo de las rutas japonesas, existen lugares en donde hay una relativamente mayor proporción de naturaleza. Jamás es naturaleza virgen, uno no viene a Japón precisamente en busca de aventura porque no la hay, pero es naturaleza al fin y en la isla de Shikoku en otoño, es especialmente muy bonita. Luego de haber tomado casi una docena de barcos y ferrys todo este año que pasó, algunos pasando por aguas tradicionalmente tempestuosas, resultaba casi sorprendente que nunca hubiera habido marea fuerte. Más sorprendente aún, sería que al cruzar a Misaki, en la península de aguas turquesas de Sadamisaki, llegara de color amarillo patito y casi vomitando. Menuda marea al salir de Saganoseki, me volteó al piso en tan sólo 10 minutos e hizo de los 60 restantes lo más parecido a estar por diversión dentro de una máquina centrifugadora de ropa en funcionamiento. No fue hasta el día siguiente en el que el dolor de cabeza remanente se me fuera finalmente. Me llamo Marino de apellido pero eso parece no haberme dotado de ninguna habilidad marítima extra. 

lunes, diciembre 16, 2013

Ilusión de perfección


Llegar a Japón es como dejar el presente y dar un salto al futuro, al menos tecnológicamente (o eso espero!). Incluso viniendo desde Corea, país que está en camino a volverse futuro muy pronto, el impacto es notable. Tan sólo pensar que hacía dos meses rodábamos la estepa y el desierto de Mongolia sintiendo que estábamos siglos atrás, al desembarcar en Fukuoka la sensación es igualmente divorciada del presente. Del caos chino al extremo orden japonés, el abismo es también radical. En una primera mirada, todo en Japón parece perfecto y es deslumbrante por donde se lo mire, sin embargo, con el pasar de los días, este gigante hiper-ultra desarrollado revela imperfecciones muy imperfectas para quien pone una mirada aguda y no se deja llevar por todo lo que brilla.

sábado, diciembre 07, 2013

La bici-senda más larga del mundo


 Corea parece ser consciente de los problemas que está teniendo por exceso de tecnología y una población de adictos al trabajo y para tratar de compensar las nuevas "malas costumbres" emprendieron un proyecto de mega ingeniería que implicó reconfigurar el curso de los cuatro ríos más importantes del país para conectar el país entero a través de varias bici-senda. Esta es una manera también de no sólo hacer un uso exhaustivo de la energía hidraúlica sino también de motivar a la gente a andar en bicicleta brindándoles el espacio necesario para poder hacerlo de modo seguro y profesionalmente. Hoy Corea, aparte de la bici-senda de los Cuatro Ríos, que conecta Incheon con Busan ( de un extremo al otro del país) a lo largo de 700 km, tiene una creciente red de bici-sendas paralelas que conducen a varios puntos del país. Muchas otras están en construcción y la idea es conectar de manera completa todo el país a través de bici carriles. Pensamiento de avanzada como pocos, de este modo, las veces que un ciclista debe encontrarse con transporte motorizado son llevadas al mínimo. Con esto no sólo se soluciona el estrés de los ciclistas sino también el de los conductores, mejorando notablemente los niveles de seguridad. Como si fuera poco, el gobierno procuró configurar la bici-senda de modo que pase por las mayores atracciones del país.