viernes, abril 11, 2014

Y va la tercera...


Es la tercera vez en mi vida que llego a India y la segunda que lo hago en bicicleta. Hace 13 años llegaba por primera vez, y con mis 22 años era apenas un niño con una mochila al hombro y sin experiencia en comparación. Ya en aquel entonces supe a los pocos días, luego de atravesar ese gran simbronazo que uno experimenta la primera vez que llega al país, que volvería una y otra vez a lo largo del resto de mi vida. Hoy, 13 años más tarde sigo teniendo esa misma hermosa sensación del primer viaje, la de llevar a India muy dentro mío, y a medida que pasan los años y me voy poniendo viejo, siento que India sigue creciendo dentro mío y junto conmigo con cada viaje. India es un planeta en sí mismo y es bastante cierto el hecho de que se lo ama o se lo odia, porque sea donde sea que uno esté en India, a uno le puede gustar o no, pero lo que sí es seguro es que es imposible que te sea indiferente. Yo ciertamente amo a India con devoción, es como un imán que no me deja separarme. Y ahora, que con esta pasada hemos tenido la enorme fortuna de vivir India desde adentro, en familia, con una familia India que prácticamente nos ha adoptado, y más tarde, con nada más ni nada menos que con la especial visita de mi propia mamá, a quién no hesité en mostrarle el país desde los rincones a donde la mayor parte del turismo no llega, no he hecho más que confirmar una vez más aquel primigenio sentimiento del primer viaje: nunca dejaré de volver a India.

jueves, marzo 20, 2014

Vida rural y trabajo duro


La salida del Himalaya hacia las tierras bajas del Terai marcó el comienzo de la inmersión en la vida rural Nepalesa. Ya lejos de las hordas de turistas que inundan el alto Himalaya, Pokhara, Kathmandu y el Terai oriental, este pequeño país queda prácticamente para uno solo, atravesando aldeas simples de gente amigable, sencilla y no obsesionada con el dinero que supuestamente tienen todos los extranjeros.

miércoles, marzo 19, 2014

Explosión de vida


Aterrizar en Nepal luego de 71 días de esterilidad Japonesa fue como volver a nacer. Se dice que el hombre es un animal de costumbre, y a veces se requiere de un salto abrupto para darse cuenta cómo uno fue acostumbrándose, quizás sin darse cuenta, a una determinada situación de vida. Bajarse del avión en Kathmandu fue como salir de un estado de anestesia general, todos los sentidos volvieron a aflorar rápidamente y se volvieron a sentir con mayor intensidad. Fue una explosión de vida, fue como la alegría que llega con la primavera luego de un largo y oscuro invierno. Es en el contraste tan fuerte donde me di cuenta cómo tanta asepsia japonesa había de alguna manera adormecido mi espíritu, y Nepal, con su descarga de estímulos fue la inyección que haría revivir todas las emociones. 

domingo, febrero 23, 2014

Algunos videos del año

Mientras nos tomamos dos semanas de vacaciones en India con la visita de mi mamá, los invito a ver el siguiente compilado de videos del año que pasó, primer año de este viaje. 

Video compilado de todo el año en 7+ minutos

One year cycling in 7 minutes from Nicolas Marino on Vimeo.

Indonesia, cruzando la jungla. Parte I  (versión re-editada de la versión extendida publicada anteriormente) 

sábado, enero 25, 2014

Chau Japón!


70 días en Japón, 25 pedaleando y 45 trabajando en Tokyo fueron más que suficientes, tal vez demasiados. A diferencia de ese hermoso sentimiento de querer volver una y otra vez que me dejaron países como Mongolia o Indonesia en este año que pasó, a medida que pasaban los días en Japón más aumentaban mis ganas de irme.  Esto no significa haberlo pasado mal sino más bien no haber sentido lograr una fuerte conexión con el país y su cultura. 

lunes, enero 20, 2014

Extravagancia a la japonesa



Durante estos 70 días en el país más tecnológicamente avanzado del planeta, hemos visto muchas cosas apabullantes. En cierto punto, luego de bastante tiempo de estar aquí, uno siente que los japoneses están más allá de todo. La realidad de este país es tan pero tan diferente a la del resto del mundo, especialmente a la del tercer mundo, que en algún punto es como un lugar de ciencia ficción. Las actividades, los problemas y las preocupaciones que ocupan la cabeza de la gente son tan radicalmente diferentes a los que me tocó ver en mi vida que a veces me siento en Disneylandia. Tokyo nunca se detiene y la vida transcurre al galope. El famoso cruce de Shibuya, que en hora pico ve pasar un promedio de 100.000 personas por hora, con su despilfarro lumínico y sus alaridos publicitarios, es el ícono que resume el paso frenético de la vida en Tokyo. En cada una de sus esquinas, cuando el semáforo está en verde para el tráfico, la gente se va acumulando como gotas en un tanque de agua, es tanta en tan poco tiempo que cuando el semáforo les da salida, se produce un estallido de personas cruzando en todas las direcciones cual hormiguero luego de ser pisado. 

jueves, diciembre 26, 2013

Este viaje cumple un año


Autopista al futuro

Al salir de Kyoto, entramos finalmente en la recta final a Tokyo. Fue un camino por el futuro hacia el futuro. 550 km que decidimos hacer por la ruta 1, la ruta que conecta los polos industriales más grandes de Japón. Podríamos haber elegido una ruta interior con un poco más de naturaleza, pero teníamos una fecha de compromiso que cumplir en Tokyo y no nos quedaban tantos días ni tampoco tantas ganas.

Japón es un país de avanzada, está un par de años delante del mundo desarrollado y a años luz del resto del planeta, pero sólo tecnológicamente. Humanamente hablando están años luz detrás de todos los países más pobres de Asia, los cuales se añoran entrañablemente con cada pisada en el pedal en este país. El respeto, la honestidad y la cordialidad son valores que abundan aquí, y es algo muy positivo, pero también abundan la indiferencia y la frialdad. Con excepción de nuestros amigos en Osaka y aquel primer insólito hombre del primer día en Fukuoka, no hemos tenido prácticamente contacto humano de ningún tipo. Somos como dos entes mayormente ignorados andando por carreteras del futuro. Es fascinante y espantoso a la vez. 

domingo, diciembre 22, 2013

Entre la psicodelia urbana del futuro y la historia detrás de una vidriera


Psicodelia urbana

Llegar a Honshu es entrar en el Japón más desarrollado y también el más frío humanamente hablando, es la verdadera puerta de entrada a un par de siglos más adelante, donde todos los días se cuece la tecnología más avanzada y se da rienda suelta a los delirios del consumo más extravagante. Es un contraste fortísimo teniendo en cuenta que tan sólo dos meses atrás nos encontrábamos rodando en un espacio y un tiempo que se sentían bellamente prehistóricos y ahora en uno tan futurista que creo dejaría sin palabras al mismísimo Filippo Marinetti, o bien quizás representa de manera fidedigna su visión de la ruptura con el pasado y me atrevería a decir con el presente.

viernes, diciembre 20, 2013

Un poco de naturaleza


A pesar del virtualmente infinito continuo urbano que se experimenta a lo largo de las rutas japonesas, existen lugares en donde hay una relativamente mayor proporción de naturaleza. Jamás es naturaleza virgen, uno no viene a Japón precisamente en busca de aventura porque no la hay, pero es naturaleza al fin y en la isla de Shikoku en otoño, es especialmente muy bonita. Luego de haber tomado casi una docena de barcos y ferrys todo este año que pasó, algunos pasando por aguas tradicionalmente tempestuosas, resultaba casi sorprendente que nunca hubiera habido marea fuerte. Más sorprendente aún, sería que al cruzar a Misaki, en la península de aguas turquesas de Sadamisaki, llegara de color amarillo patito y casi vomitando. Menuda marea al salir de Saganoseki, me volteó al piso en tan sólo 10 minutos e hizo de los 60 restantes lo más parecido a estar por diversión dentro de una máquina centrifugadora de ropa en funcionamiento. No fue hasta el día siguiente en el que el dolor de cabeza remanente se me fuera finalmente. Me llamo Marino de apellido pero eso parece no haberme dotado de ninguna habilidad marítima extra. 

lunes, diciembre 16, 2013

Ilusión de perfección


Llegar a Japón es como dejar el presente y dar un salto al futuro, al menos tecnológicamente (o eso espero!). Incluso viniendo desde Corea, país que está en camino a volverse futuro muy pronto, el impacto es notable. Tan sólo pensar que hacía dos meses rodábamos la estepa y el desierto de Mongolia sintiendo que estábamos siglos atrás, al desembarcar en Fukuoka la sensación es igualmente divorciada del presente. Del caos chino al extremo orden japonés, el abismo es también radical. En una primera mirada, todo en Japón parece perfecto y es deslumbrante por donde se lo mire, sin embargo, con el pasar de los días, este gigante hiper-ultra desarrollado revela imperfecciones muy imperfectas para quien pone una mirada aguda y no se deja llevar por todo lo que brilla.

sábado, diciembre 07, 2013

La bici-senda más larga del mundo


 Corea parece ser consciente de los problemas que está teniendo por exceso de tecnología y una población de adictos al trabajo y para tratar de compensar las nuevas "malas costumbres" emprendieron un proyecto de mega ingeniería que implicó reconfigurar el curso de los cuatro ríos más importantes del país para conectar el país entero a través de varias bici-senda. Esta es una manera también de no sólo hacer un uso exhaustivo de la energía hidraúlica sino también de motivar a la gente a andar en bicicleta brindándoles el espacio necesario para poder hacerlo de modo seguro y profesionalmente. Hoy Corea, aparte de la bici-senda de los Cuatro Ríos, que conecta Incheon con Busan ( de un extremo al otro del país) a lo largo de 700 km, tiene una creciente red de bici-sendas paralelas que conducen a varios puntos del país. Muchas otras están en construcción y la idea es conectar de manera completa todo el país a través de bici carriles. Pensamiento de avanzada como pocos, de este modo, las veces que un ciclista debe encontrarse con transporte motorizado son llevadas al mínimo. Con esto no sólo se soluciona el estrés de los ciclistas sino también el de los conductores, mejorando notablemente los niveles de seguridad. Como si fuera poco, el gobierno procuró configurar la bici-senda de modo que pase por las mayores atracciones del país. 

viernes, diciembre 06, 2013

Pequeño gigante


 Corea del Sur es el país número 50 que visito en el mundo, y luego de casi un año de rodar mayormente por regiones tan remotas de Asia, fue como dar un brusco salto al futuro. Con el mismo, las rutas sobrecargadas de aventura que nos nutrieron de adrenalina constante durante tantos meses, llegaron temporalmente a su fin. La aventura se vería reducida a cero y quedarían atrás los caminos extremos y los climas rigurosos. Cómo sobrevivir con un bajo presupuesto en estas junglas congestionadas de tecnología, espacio hiper-reducido y precios exorbitantes sería el nuevo desafío. El goce ya no sería el hermoso cosquilleo de la adrenalina sino el deslumbramiento ante un mundo a veces tan tecnológicamente avanzado que resulta incomprensible.

lunes, diciembre 02, 2013

Dharma, mi nueva bicicleta.

Con un apetito voraz cruzamos la frontera. No era tanto el hambre en sí mismo sino la necesidad imperiosa de comer bien, de comer sabroso y nada mejor que estar de vuelta en China para una sobredosis de sabores. Se paga el precio alto de cambiar una tierra mágica de cuentos por volver a la factoría del planeta, y la vuelta se siente como el más brutal de los cachetazos a la cruda realidad. Era inevitable de todos modos porque tarde o temprano debíamos dejar el cuento. 

La tierra envenenada

Ya en el tramo final de desierto en camino a Zamyn-Udd uno podía avistar el cambio en el horizonte. Hacia delante, veíamos el horizonte chino y el azul inmaculado ya no se extendía indefinidamente sino que se desvanecía en un gris turbio y purulento. Ya entrados en China, quedaron unos 300 km de desierto de Gobi muy feos, carentes de todo atractivo. Un escenario chato, infinito y apagado, lleno de gigantes torres de alta tensión, un volumen de tráfico notablemente molesto y un viento ahora sí, completamente en contra muy difícil de tolerar. Sin embargo, lo peor vendría en el tramo final de 300 km antes de Beijing, al atravesar la temida provincia de Hebei 河北.


 El altísimo precio que China debe pagar por insistir en sostener un crecimiento que es insostenible, insostenible para ellos e insostenible para el planeta entero es espeluznante.

miércoles, noviembre 20, 2013

Mongolia en el corazón



Haber viajado por Mongolia fue haber cumplido un sueño de hacía mucho tiempo. 55 días que se sintieron como haber salido del espacio y el tiempo en el que uno está acostumbrado a vivir. Es cierto que pueden haber notado bastante romanticismo en todo lo que escribí sobre este país, pero es que Mongolia es un lugar que con su belleza, lo saca a uno de su propia órbita y lo invita a romantizar. Sus paisajes de formas suaves y la vida "precaria" a paso lento pacifican la mente y evocan una sensación de magia dentro de uno. Es cierto también que son imágenes de su escueto verano. Al poco tiempo de salir del país, las temperaturas bajarán rápidamente a -20C y para final de diciembre se estabilizarán en -37 C a -40 C de temperatura (los mongoles inconscientemente omiten el "-" al hablar) con una sensación térmica muchísimo más baja.  Aún con su clima extremo, sospecho que hasta pasar un invierno aquí debe ser una experiencia especial y la cual intentaré cumplir en el futuro.

 Hay muchos países bonitos en el mundo, mejor dicho, todos los países son bonitos o tienen algo de bonito, pero hay países o lugares que aparte de ser bonitos son especiales. En mi percepción, puedo sentir en dichos lugares una cualidad extra que los separa del resto. Hasta hoy me cuesta describirlo y ciertamente no tengo una definición, pero es como una suerte de fenómenos que se conjugan en un mismo espacio y tiempo invocando una reacción física positiva dentro de uno, son aquellos fenómenos que evocan dicha magia interna. He sentido esta tan poderosa sensación en todos mis años de viajar por el altiplano tibetano y la he vuelto ha sentir felizmente aquí en Mongolia. No es casualidad creo, que tibetanos y mongoles viven ambos en regiones muy extremas del planeta y llevan modos de vida y tienen creencias espirituales muy similares. Los nómadas mongoles son gente extraordinaria en todos los aspectos, y eso creo que es decir poco. Su afecto nos ha llegado muy adentro y hemos vivido con ellos momentos verdaderamente especiales en algunos de los lugares más insólitos y remotos en los que he estado. Creo que no me iré nunca de Mongolia porque se quedó muy dentro mío, en el corazón y en el olor a oveja que no se va con nada. La serie de fotos en la cabecera de esta entrada es una muy breve reseña de algunas de las infinitas imágenes que se grabaron en mi retina.

martes, noviembre 19, 2013

Polvo de estrellas


Cuanto más viajo por el mundo más comprendo que el idilio no tiene una sino múltiples formas. Con el tiempo descubrí que son tan idílicas las playas de aguas turquesas cristalinas, como los picos nevados de las cordilleras o el infinito manto verde de las estepa. Que lo que cambia no es la belleza per se, la cual es siempre el denominador común de todo idilio, sino los efectos que los fenómenos producidos por determinada belleza tienen sobre uno. Esto hace que cada idilio se sienta de manera completamente diferente. El cruce del desierto de Gobi reveló a mis ojos una nueva forma de idilio que no hubiera imaginado posible, porque la imagen inicial que uno tiene de un desierto es la de un lugar desolado e inhóspito, y ciertamente lo es, pero el Gobi, a diferencia del puñado de desiertos que llevo cruzados, resultó ser una sorpresa deslumbrante que no esperaba.

sábado, octubre 26, 2013

De lago en lago


El camino al lago Hövsgol nos dejó muy cansados. Pasamos 12 días y 648 km avanzando a un promedio de 35 a 45 km al día, pedaleando senderos de arena, barro, tierra con rocas, raíces, cruzando ríos con las cosas al hombro, combatiendo insectos endemoniados, comenzando a lidiar con un frío inminente y en mi caso un espantoso dolor de muela que no olvidaré nunca. Llegar a los insólitos 100 km de asfalto que separan el pueblo de Hatgal, en el extremo sur del lago, de la ciudad de Mörön, se sintió casi como una fantasía. Luego de tantos días duros, recibimos al asfalto con entusiasmo. Estamos mugrientos, cansados y sólo quedaban 100 km para encontrar una ducha y una cama para dormir. El asfalto siempre roba encanto pero lo cierto es que el paisaje hasta Mörön no deja de ser realmente increíble. Los espacios de bosque denso se van reduciendo y se vuelve finalmente a extensiones enormes de estepa, que ya en la primera de semana de septiembre comienza a pasar del verde al amarillo en varios sectores.

Problemas y no problemas


En términos de rigurosidad física, toda la travesía hasta Erdenet había pasado casi desapercibida. Ya pasados los 10.000 km de viaje, y luego de haber pasado 6 meses en el trópico sorteando pendientes empinadas todos los días, las suaves subidas y bajadas de la estepa resultaron un simple paseo que recibimos con mucha alegría. La historia, sin embargo, cambiaría en el camino al lago Hövsgöl.

jueves, octubre 17, 2013

Vida de nómadas


Mongolia es un país gigante y escasamente habitado. Con una área de 1.564.115 km2 y tan sólo 2.800.000 de habitantes, la densidad del país se reduce a menos de 2 personas por km2. Sin embargo,en términos reales, la densidad es mucho menor, ya que de la población total del país, 1.300.000 viven en Ulaanbaatar, su capital. El resultado, es un país donde la naturaleza se experimenta en estado puro en casi todo momento, pero a excepción de la regiones más desérticas, no es una naturaleza vacía sino espaciadamente habitada. La mitad de la población del país es nómada y semi-nómada, estos últimos siendo los que practican el nomadismo estacionalmente, asentándose en los pueblos a pasar el invierno. Los nómadas y su estilo de vida es algo que me ha intrigado y cautivado desde muy pequeño (no es casualidad el tipo de vida que llevo) y es uno los motivos por los cuales he ansiado tanto viajar en bicicleta por este país.

La magia de la estepa


Es un cuento

Salir de Ulaanbaatar fue mucho más que liberarse de una ciudad fea. Salir de Ulaanbaatar fue salir de lo que los seres urbanos conocemos como el mismísimo "mundo". Fue un traslado a un espacio y a un tiempo que para los que crecimos y aún vivimos en ciudades, es sólo parte de un imaginario lejano instalado en uno através de la lectura de cuentos o de imágenes descritas en los libros de Historia sobre algún tiempo lejano. Son unos meros 50km los que separan el infierno del cielo, la realidad del cuento, el lleno del vacío. Del caos a la serenidad, a medida que uno se adentra en la estepa, la magia inunda los sentidos y el tiempo parece comenzar a detenerse paulatinamente. 200 km, y si aún quedaba algún vehículo que nos recordara sobre un mundo moderno, el recuerdo se extingue completamente al salirnos de uno de los pocos caminos asfaltados del país, al adentrarnos en un mundo diferente, un mundo pasado. La estepa mongola es un espacio solitario, que con sus formas suaves y colores sutiles promueven serenidad y apaciguan el alma. En ella, los caminos desaparecen y se transforman en huellas trazadas en la hierba que se bifurcan, una, dos, tres y hasta decenas de veces a medida que uno avanza. Sin señalizaciones, uno necesita guiarse por el mapa y la brújula como únicos medios de referencia para no perderse. 

Entrando a un cuento por una cueva oscura


Hay momentos en la vida que tardan en llegar. Momentos que quizás uno lleva deseando y hasta ansiando por días, meses y años. Momentos por los cuales uno aprende a cultivar la paciencia, mientras todos los días pone un poco de sí para poder eventualmente llegar a ellos. Así he esperado por años, el momento de llegar a Mongolia, un país que llevo más tiempo del que puedo recordar, queriendo visitar. A medida que pasa el tiempo, más me inclino a creer en que hay una inteligencia intrínseca en el modo en que el destino ordena los sucesos de la vida, porque pude haber elegido muchas otras oportunidades para viajar por este país, pero nunca hubieran sido el momento correcto. Esta vez lo fue, al menos así se sintió y la experiencia fue de aquellas que subliman el alma y desbordan los sentidos.