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Me propuse levantarme bien temprano para no encontrarme a la policía y cruzar la barrera. Había dormido profundamente toda la noche pero me había levantado como 5 veces a hacer pis en la nieve por la cantidad de líquidos que había tomado antes de dormir para evitar un posible inicio del mal de las alturas, al cual estaba susceptible por haber hecho un ascenso tan drástico de 1500 a 3600 en medio día. Eran las 6.45 am y aún muy frío. Tenía todo listo para salir. Como había previsto la policía dormía y pasé de costado la barrera y arranqué mi camino hacia 祁连 Qilian, a sólo 72km. Avancé 35km por un maravilloso camino de picos nevados bañados por la luz dorada de la mañana. Las pasturas, estaban aún amarillas y con decenas de yaks pastando tranquilamente al amanecer; el silencio era total, hasta que vi un auto venir en dirección contraria, con dos farolitos en el techo, uno azul y otro rojo, y ¿adivinen quién era? Claro, mis amigos de la poli. Maldita suerte la mía; al pasar a mi lado miré hacia el lado opuesto de manera que me vieran la nuca, pero luego de unos metros me di cuenta de que habían frenado y estaban retrocediendo. Se acercaron muy amablemente mientras me hacía el bobo y me dijeron, claro, que no podía estar ahí, que necesitaba un permiso para ir a 祁连 Qilian y me dijeron que tenía que volver porque no había manera de que me dejaran seguir. Volví medio escoltado hasta la barrera que había pasado.
Ahí opté por quedarme con el guarda ya amanecido a discutirle 20 minutos los motivos insensatos por los cuales no podía ir por ese camino, lo cual hago por diversión más que por intentar cambiar el mundo. En estas situaciones es cuando uno descubre la diferencia entre la gente común y corriente y los gobiernos siniestros. El guarda realmente lamentaba de corazón no poder dejarme pasar, me intentaba explicar que son órdenes del gobierno y que él no podía hacer nada al respecto, y que le dolía porque era un lugar muy lindo. Finalmente me rendí y decidí